Buen alfil y mal alfil: no todos los alfiles valen igual
Dos alfiles, el mismo número en la tabla de valores: 3 puntos cada uno. Y, sin embargo, en una partida real uno puede valer el doble que el otro. Hoy te enseño a distinguirlos.
El alfil va por un solo color, para siempre
Empecemos por lo básico. El alfil se mueve solo en diagonal, así que vive toda la partida en casillas de un único color. Un alfil de casillas claras jamás pisará una oscura, y viceversa.
De ahí sale toda la idea de hoy: como el alfil solo recorre su color, lo que pongas en esas casillas decide si respira o se ahoga.
Qué hace «malo» a un alfil
Un mal alfil es el que tiene sus propios peones fijos en casillas de su mismo color. Esos peones le tapan las diagonales: el alfil se queda detrás de su propia muralla, mirando a una pared.
Fíjate en tus peones centrales bloqueados. ¿Están en el color de tu alfil? Entonces ese alfil lo tienes prisionero. No es que sea débil por naturaleza: es que tus propios peones lo han encerrado.
Qué hace «bueno» a un alfil
Un buen alfil es justo lo contrario: tiene las diagonales despejadas porque sus peones están en casillas del color contrario al suyo. Se mueve libre y controla líneas largas de lado a lado del tablero.
El ejemplo de manual es el alfil de fianchetto: colocado en g2 o b2 (o g7/b7), domina la diagonal larga de punta a punta.
Si quieres ver esta maniobra en detalle, te la cuento en la guía del fianchetto.
Qué hacer con cada uno
Aquí está lo útil, lo que puedes aplicar ya en tu próxima partida:
- Si tienes un mal alfil, mejóralo o cámbialo. Puedes mover esos peones que lo tapan a casillas del otro color, o sacar el alfil fuera de la cadena de peones antes de cerrarla. Y si no hay manera, búscale un cambio: quitarte un lastre es una pequeña victoria.
- Si tienes un buen alfil, consérvalo. No lo cambies sin un motivo de peso. Es una de tus piezas más fuertes.
Esta idea conecta directamente con una regla de oro: entiende siempre por qué cambias piezas. Te lo cuento más a fondo en la estrategia de medio juego.
La idea de fondo
El valor de una pieza no está escrito en piedra: depende de la posición. Un alfil puede ser un gigante o un estorbo según dónde estén tus peones. Aprender a verlo es parte de jugar con piezas activas.
Una vez te fijes en el color de tus peones antes de cada cambio, dejarás de regalar buenos alfiles y de cargar con malos. Esa pequeña atención vale muchos puntos de Elo.
Enlaces útiles
Preguntas frecuentes
¿Qué es un mal alfil en ajedrez?
Un mal alfil es el que tiene sus propios peones fijos en casillas de su mismo color. Esos peones le tapan las diagonales y lo dejan sin movilidad. Aunque en la tabla de valores vale 3 puntos, en la práctica puede ser una pieza casi inútil.
¿Y un buen alfil?
Un buen alfil es el que tiene las diagonales despejadas, porque sus peones están en casillas del color contrario al suyo. Se mueve con libertad, controla líneas largas y suele valer mucho más que un mal alfil.
¿Conviene cambiar el mal alfil?
Casi siempre sí. Si tienes un mal alfil encerrado, cambiarlo por una pieza activa del rival te quita un lastre. Al revés, si tienes un buen alfil, intenta conservarlo: es una de tus mejores piezas.